Esta es una de mis partes favoritas de la historia, espero la disfruten.

(Background: el shogun Zankuro Tomizawa, usurpador del gobierno de Hissen y golpista militar, reta a Dosu, hija del difunto y otrora emperador Ichiro Yomei, a una lucha a muerte, por el honor y el reconocimiento de los comunes hissenianos. Ella y el grupo de héroes aceptan ir, con tal de que el pueblo deje de apoyar al infame shogun, sin embargo, lo que no se esperaban, es que allí en la arena les esperaba una terrible sorpresa… un guerrero que no era el shogun, sino algo peor… un hombre brutal y despiadado, proveniente del mundo antiguo y revivido por al magia oscura de Katra, la bruja púrpura…)

La arena estaba en silencio.

La gente del pueblo, que hace un momento vitoreaba, se había quedado callada, al igual que Faen, Alexander y los demás. Del otro lado de la tribuna, en una zona especial, el infame shogun Tomizawa esbozaba una horrible sonrisa.

La princesa Miyui ahogó un grito mientras se llevaba una mano a la boca y los ojos comenzaban a llenársele de lágrimas. Remoa pronto la abrazó, al mismo tiempo que Alexander y Faen miraban con furia a Tomizawa y al traidor Emmjoy.

Tenji Hiryu le dijo algo en hisseniano a Yoshimaru, quien se limitó a responderle con un corto y tajante —No.

Había ocurrido tan fugazmente, que el público apenas terminaba de asimilarlo.

Dosu, princesa, primera espada de Hissen, kensai y samurai de élite, llevaba un rato intercambiando embates con sus respectivas armas en contra de Bjosbörne, la bestia del mundo antiguo, traída a la vida nuevamente por obra de Katra, la bruja púrpura, mano derecha del shogun Tomizawa.

La diferencia de fuerzas era abismal. Bjosbörne era, de hecho, una bestia peleando, con una habilidad sobrehumana y una fortaleza descomunal para los estándares de cualquiera. Como pocas veces, Dosu, la fiera guerrera, la del semblante serio y feroz, tenía la certeza de que cualquier error le costaría la vida, y de un modo nada agradable.

A pesar de la diferencia de fuerzas, Dosu estaba logrando controlar un poco la pelea gracias a su impecable técnica y a su velocidad. Trataba de desgastar lo más que pudiera a su enemigo, para buscar un área de oportunidad y terminar con todo de un tajo… pero para su infortunio… las cosas no iban a ser así.

Bjosbörne levantó su gigantesca espada bastarda con una sola mano, tratando de asestar un golpe que sin duda partiría a la delgada princesa en dos. En un instante, Dosu logró ver una vulnerabilidad en la axila de la bestia, un lugar que no cubría su pesada armadura. Sin pensarlo dos veces, se impulsó en franca carrera contra su adversario, y fugazmente clavó su katana lo más profundo que pudo en la axila de la enorme criatura.

La bestia no se inmutó. No dio siquiera un respingo, a pesar de que borbotones de sangre comenzaban a brotar por la herida.

Ante una atónita Dosu, Bjosbörne movió su brazo herido pesadamente, asestándole un tremendo golpe en el estómago que la hizo retroceder varios metros. La princesa comenzaba a ver doble, mientras le faltaba el aire y, dificultosamente, trataba de ponerse de pie.

Bjosbörne, con la misma mano con la que había golpeado a Dosu, se quitaba la katana incrustada como si de un simple mondadientes se tratase y la lanzaba lejos. La chica miraba de reojo su arma tirada a lo lejos, la katana Yomei, que antes había pertenecido a su padre. Pensó por un momento usar sus poderes kensai para invocarla nuevamente a su mano, pero pronto se dio cuenta que el pesado monstruo corría en embestida hacia ella, blandiendo su espada bastarda. Apenas tuvo tiempo de ponerse de pie y realizar una acrobacia en el suelo para evitar el ataque. Sin perder más tiempo, desenfundó su naginata, que colgaba de su espalda y se puso en guardia.

Giró la naginata sobre su cabeza, y atacó en un salto a Bjosbörne, quien no tuvo mas que interponer su espada para bloquear el ataque. Ni bien hubo aterrizado después de tal ataque, el pesado pie del monstruo golpeaba el costado de la princesa, nuevamente lanzándola varios metros atrás. Lo único que detuvo su ruta, fue el duro y frío muro que delimitaba la arena. Dolor.

Sin pararse a pensar en el inmenso dolor que la aquejaba, y en las costillas rotas que le había provocado la patada de su adversario, corrió nuevamente hacia él. La bestia dio una estocada, la cual Dosu evitó con un giro y con todas las fuerzas que pudo sacar, le propinó un corte descendente en el hombro. La princesa, aún aturdida, no podía dilucidar con claridad lo que había pasado, pero sintió el filo de su naginata hundiéndose profundamente en la carne y huesos de Bjosbörne. Esta vez si profirió un nauseabundo y sobrenatural grito de dolor.

Dosu retrocedió algunos metros hacia atrás, casi tropezándose al final, pero logrando incorporarse, y entonces lo vio. El brazo de Bjosbörne colgaba, sujeto apenas por algunos girones de músculo y piel. Un torrente de sangre proveniente de la grave herida se precipitaba al suelo de la arena, creando un charco justo al pie de la bestia.

La princesa intentó invocar su katana, pero no se pudo concentrar lo suficiente. El viento que de pronto se cernió sobre la arena, hizo que el costado le comenzara a arder. Empezó a sentir un líquido caliente que recorría su pierna, y al mirar, se dio cuenta que tenía un corte algo profundo en el lugar que le había comenzado a arder y sangraba profusamente. No se había ido limpia tras ese arriesgado ataque… también estaba gravemente herida.

Tuvo arcadas, tal vez por el mareo tras la pérdida de sangre, o tal vez por la presión del momento, pero al ver a su oponente vulnerable, comenzó a avanzar atropelladamente hacia él, dispuesto a atravesarlo con su naginata y terminar con todo de una vez por todas.

Mientras Dosu avanzaba, Bjosbörne dejaba caer su espada bastarda al suelo, y torpe e inútilmente, trataba de pegar a su cuerpo el pedazo de brazo que traía colgando. Dosu empezó a resentir la pérdida de sangre y parecía que se iba a desmayar de un momento a otro. Cargó con la naginata, y atacó. Los ojos se le cerraron instintivamente.

Por una milésima de segundo, la bestia pudo apartarse del ataque mortal de Dosu, llevándose apenas un rose en el casco, que hizo que éste saliera volando y cayera pesadamente justo al centro de la arena.

El rostro de Bjosbörne era el de un hombre. Un hombre descarnado y cadavérico, podrido y con el hueso ennegrecido tras años debajo la tierra. Olía a muerte. Sus horribles ojos saltones, inyectados en sangre, parecían penetrar directo al alma de Dosu.

Con la mano buena, tomó sin mayor problema el filo de la naginata entre su dedos, y en un movimiento súbito, lo quebró y arrancó del resto del arma, quedando en las manos de Dosu un simple palo de madera. La chica se quiso mover, estaba horrorizada, pero el cuerpo había dejado de responderle. Entonces, Bjosbörne le propinó un tremendo codazo en el rostro. Dosu cayó unos metros atrás, boca abajo, inerte. Debajo de su rostro que yacía en el frío suelo, un charco de sangre comenzaba a formarse.

Y fue entonces cuando hubo silencio en la arena, mientras el shogun sonreía complacido, y las lágrimas comenzaban a rodar por las mejillas de Miyui y Remoa.

El viento se hizo más fuerte, y pétalos de sakura comenzaban a caer en la arena y en las tribunas. La bestia se incorporó, y tomó su espada. Era el fin de Dosu.

Yoshimaru se arrodilló ante Miyui, y la abrazó. –Aparte la mirada, hime-denka, no tiene que mirar más- mientras el amargo llanto de Miyui le hacía hervir la sangre al viejo ronin.

Por una cuestión de honor, nadie podía intervenir, mucho menos los extranjeros. Alexander y Faen lo sabían, por lo que no pudieron hacer otra cosa, más que mirar, y de todos modos seguir con su plan*. El joven Warlock tuvo a bien posar su mano sobre el hombro de Miyui y darle un pequeño apretón en señal de apoyo.

—Cuando ésto termine, quiero que claven cien flechas en el corazón de ése gaijin que está al lado del shogun. —Ordenó con la voz entrecortada un contrariado Tenji Hiryu, refiriéndose a Sir Emmjoy. —¡Hai, Hiryu-sama! —le contestó un soldado que había bajado la mirada para ocultar sus lágrimas.

Debatiéndose entre la vida y la muerte, la noble doncella que había peleado contra un rival, según le habían dicho, invencible, estaba agonizando en un charco de su propia sangre. Al igual que su padre.

Un pétalo de sakura bailó un poco al compás del viento, y de pronto, se posó grácil y delicadamente en el dedo corazón de la inerte princesa. Casi por inercia,  movió el dedo apenas unos milímetros.

Ese sonido agudo de aturdimiento que había estado escuchando desde que Bjosbörne le dio el codazo en el rostro, poco a poco iba desapareciendo, y los vítores del público comenzaban a sustituirlo.

—¡Megitsune! ¡Megitsune! ¡Megitsune! —gritaba animosamente el público.

Dosu había vuelto en sí, y escuchaba aquel particular grito del público.

—¿La están… animando? —preguntaba incrédulo Alexander, pues antes de eso el pueblo había mostrado cierta hostilidad contra las hermanas Yomei.

Remoa se paró de su zabutón, y gritó algo en hisseniano, que bien podían ser palabras de ánimo para su hermana. Pronto, todo el grupo que había acompañado a las princesas a la arena, se había unido a los vítores.

—¡Megitsune! ¡Megitsune! ¡Megitsune!

El rostro del shogun estaba totalmente descompuesto por la furia que lo embargaba, mientras Emmjoy esbozaba una sonrisa.

Visiblemente cansado, Bjosbörne arremetió una vez más contra Dosu, que recién había encontrado la fuerza para ponerse de rodillas. Levantó su espada bastarda al cielo, con la intención de dar el golpe mortal.

Con un movimiento salido casi de su subconsciente, la princesa tomó con ambas manos el palo de madera que antes fue su naginata, y lo reventó directo en el rostro del monstruo, a la altura del ojo, haciendo que se rompiera y estallara en cientos de astillas, sangre y carne podrida. El ojo de Bjosbörne se había salido de su cuenca por la fuerza del impacto, y paró en seco su intento de ataque. Se arrodilló.

Tembloroso, intentó tomar del cuello a Dosu en un esfuerzo desesperado de hacerse con la victoria, pero fue entonces que la princesa de Hissen pudo invocara la katana Yomei. La empuñó, y súbitamente colocó el filo entre el dedo corazón y anular de la mano de la bestia que intentaba estrangularla, y comenzó a cortar. Con un limpio tajo transversal, partió a la mitad la mano y el antebrazo de la bestia.

Cambió de mano su katana, y el viento y los pétalos de sakura parecían arremolinarse alrededor de ella.

Con una velocidad casi sobre humana, trazó con su espada el símbolo hisseniano del viento sobre el inútil cuerpo de Bjosbörne.

—¡Kaze kōgeki! —pronunció, mientras mantenía la postura erguida, y detrás de ella, el cuerpo de la bestia se hacía pedazos, convirtiéndose en una asqueroso montículo.

Una fuerte llovizna, que ya había sido anunciada por las nubes de tormenta y el inmenso viento del lugar, se precipitó sobre toda la región de Hashioka.

Dosu se desplomó, y sin pensarlo ni un segundo, Remoa, Faen y Yoshimaru corrieron a su lado, para llevarla a resguardo y curarla de inmediato.

Había vencido al guerrero invencible, y a la mismísima muerte.

—¿Qué significa megitsune? —preguntó un aliviado Alexander.

—Doncella zorro —respondió la pequeña Miyui.